Goggle Glass v/s derecho a la privacidad y a la intimidad

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Google ha desarrollado un nuevo producto, en este caso lentes,  llamado Google Glass.

Para los que no han escuchado de Google Glass, se puede definir como anteojos de realidad aumentada que incluyen una pantalla para que el usuario a través de movimientos, gestos y sonidos pueda investigar en la red, tomar fotografías, escuchar música o grabar video.  A pesar de no estar disponible a la venta en forma masiva, se encuentra en proceso de prueba por parte de voluntarios alrededor del mundo, proyectando de todas formas que estará disponible el 2014 en el mercado.

Desde un punto de vista tecnológico, es un gran avance en acercar “tecnologías futuristas” y no tan sólo respecto a hardware, sino a nivel de software, porque permite integración de aplicaciones confeccionadas especialmente para el dispositivo enriqueciento sus funciones.

Un gran dilema a resolver será el tema de la protección del derecho de privacidad, sobre todo para terceros que son grabados, fotografiados, inspeccionados sus datos y analizados en tiempo real a voluntad por un poseedor de los lentes. Sin embargo, al nivel de uso más personal, incluso familiar, también podría violar el derecho a la intimidad, distinto a la privacidad, la que se entiende como una esfera más cercana a la persona, casi al nivel del derecho a estar solo. Así, comportamientos propios de la esfera de la intimidad (como el día a día dentro de un hogar, relaciones con hijos o pareja, hábitos propios de cada persona en espacios privados), podrían ser vulnerados por un sistema como éste.

Es interesante saber que el  Congreso de EE.UU. envió a Google una lista de preguntas a Google con especial énfasis al tema de la privacidad. “Dado que Glass aún no está a la venta al público y tenemos dudas sobre los planes de Google de incorporar medidas de protección de la privacidad en el equipo, hay todavía un número de preguntas sin respuesta que queremos compartir“, dice la carta remitida por miembros del Congreso a Larry Page, uno de los fundadores de Google.

Según Steve Lee, director de producto de Glass, la “privacidad estaba arriba del todo en las prioridades cuanto empezamos a diseñar el producto“. Los primeros prototipos cubrían el ojo del usuario, pero al final decidieron dejar expuesto el ojo que mira a la pantallita para solventar los problemas de privacidad. Lee aseguró que:

Sabrás cuando alguien con Glass te está prestando atención. Si miras a la pantalla de Glass, miras hacia arriba… Si te estoy grabando, te tengo que mirar. Y cuando alguien te mira, te tienes que dar cuenta. Si entras en un servicio público y alguien te está mirando – no sé lo que tú harías, pero yo me iría corriendo”.

Es un tema realmente preocupante que se deje a la intuición del tercero afectado que está siendo grabado o fotografiado la forma de saber si se está haciendo uso de google glass en perjuicio del derecho de privacidad de una persona. Con esta medida se discrimina absolutamente a cualquier persona que tenga,por ejemplo, discapacidad visual o limitación de su vista para entender que su privacidad se encuentra expuesta, a aquellas que tienen capacidad diferentes (por ejemplo personas con Síndrome de Down que no comprenden uso de estos dispositivos) y así un largo etcétera.

Lo complejo del dispositivo, es que por sus capacidades y estar en manos de usuarios, puedan generarse capacidad que aumenten más allá de lo previsto sus funciones originales. Así, por ejemplo, recientes declaraciones de Google, es que no permitirá apps de reconocimiento facial en Google Glass por ahora, no descartando que en un futuro próximo se habiliten. Sin embargo, con conocimientos técnicos es fácil saltar protecciones contra restricciones a cualquier aplicación que se desarrolle.

Si todo esto no fuera alarmante, se suman las declaraciones del jefe de Google, Larry Page, quien aseguró a los inversionistas que los temores sobre la privacidad en relación a las gafas de internet que desarrolla la compañía se desvanecerán cuando las personas incorporen el dispositivo a su vida.

“La gente se preocupa por todo tipo de cosas que en realidad, cuando se utiliza el producto, no generan gran inquietud”, dijo Page, durante una reunión anual de accionistas en la sede de la empresa en Silicon Valley, en el norte de California.

“Uno no se muere de miedo de que alguien pueda utilizar los (Google) Glasses en el baño lo mismo que uno no se muere de miedo cuando alguien llega con un teléfono inteligente que puede tomar una foto”.

La visión sesgada de Larry Page, respecto a que la realidad se impone, no debe ser un pretexto para descuidar el derecho a la privacidad que todas las legislaciones ampara. Tal como con el proyecto de Google Street View tuvieron que forzadamente integrar tecnología sobre imágenes para borrar imágenes de personas o pixelarlas (hacer borrosa su imagen), se debería preveer una solución similar para aquellas personas que, sin conocimiento, sean grabados, fotografiados o reconocido sus datos.

Personalmente creo que mientras se mantenga el margen de duda respecto a como asegurarán que las personas que puedan ser afectadas en su privacidad o intimidad en forma clara y expresa (y no tácita), el proyecto Google Glass tendrá un gran obstáculo para desarrollarse.

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